A ver, por partes. Supongo que todos habréis visto ya, en carteles, por la tele, o a través de otros blogs, la campaña "Los renos no vuelan, Papá Noel es una estafa. yosoydelosreyesmagos.com". Pues esa es toda mi decoración navideña de este año, y voy a recortar la parte de "Yo soy de los Reyes Magos".
Me encantan los regalos. Me encanta poderme gastar mi sueldo y la parte de la extra tras devolverme a mi padre el 60% de mi deuda en comprar cosas para los demás. Es una cosa que me chifla. Me revienta cuando todo el mundo empieza a preguntar: "Y en tu casa, ¿sois de reyes o de papá noel?". En mi casa, somos de las dos cosas. El grueso de los regalos se da el 24 para disfrutarlos durante las vacas, y luego en reyes cae algo extra y, generalmente, toneladas de dulces (para suplir el mono de hiperglucemia durante la cuesta de enero). Pero tengo un trauma infantil. En el momento en que me di cuenta de que los reyes eran una estafa, pensé que mis padres me estaban mintiendo en todo. Me convertí, yo también, en mentirosa compulsiva, y en cartesiana precoz, dudando absolutamente de todo. El punto álgido fue cuando empecé a creer que seguro que lo de las caries era mentira. Tengo todas las muelas empastadas. En fin, que no sé qué costaría decir: "Te quiero, me gusta hacerte feliz, me gusta hacerte regalos" en lugar de cortarse mechones de pelo para dejarlos en el cubo de la fregona y hacerme creer que han bebido los camellos. Así que toda esa parte me pone de mal humor, y cuando veo a las familias numerosas llenas de bolsas y cargando con los niños, espero, de corazón, que nadie les haya comentado semejante patraña. Dicen que hay que fomentar la imaginación de los niños, pero yo digo que, para eso, que les hagan leer y escribir y dibujar, que es lo que tienen que hacer los niños, y no creerse burdas mentiras pseudo-mitológicas-consumistas.
Luego está la otra parte terrorífica, que se divide en dos. El "Tenemos que juntarnos todos porque es Navidaz", y el "tenemos que juntarnos PARA COMER". Dios. Ayer salí con los amigos del Chico Cósmico y me siento como una boa constrictor después de haberse comido un mamut, esperando impaciente que la piel y los huesos salgan de una vez de mi sistema digestivo. Y es sólo el principio. Afortunadamente, como no he superado la adolescencia hoy me voy a ver a las Spice Girls en lugar de a la merienda cumpleañero-navideña de mi familia paterna. Pero mañana, tocará cena con mis tías. Lo cual es fantástico, porque casi siempre implica llorar como magdalenas después de la cena, como si mi abuela hubiera muerto ayer y no hace ¿doce? ¿trece? años. La nostalgia y la comida son dos cosas que hacen sentir incómoda a demasiada gente como para empeñarnos en juntarlas obligatoriamente durante quince días.
Y además, hace un frío que pela.
Y además, hay gente que hasta se arregla para estas ocasiones, lo cual debería estar prohibido considerando el alegato anterior.
En fin, lo único bueno es que durante los próximos días no voy a cocinar. Voy a comer sandwiches entre banquete y banquete para ver si consigo no reventar.
Bueno. Eso, y los regalos, ya lo he dicho. Sobre todo, después de haber encontrado el papel naranja para envolver.