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Veni, vidi, vici

El miércoles voy a baile. Me llevo besos y abrazos y otro regalo de Navidaz. La nueva becaria de MKT ocupa termporalmente mi sitio, lo cual quiere decir que cuando vuelva estará allí para ayudar a que las tareas no sean interminables. Pienso en aceptar invitaciones a Santander. Todos me recomiendan que tenga calma. Sonrío un poco y al mismo tiempo tengo un poco de llorera porque me siento muy querida e, incluso, un poquito respetada. Y eso es muy grande. Como yo, jo.
10.12.07 16:34


Pues no, hace días que no actualizo. Pero hago cosas, lo juro. Aun devorada por la abulia, me las apaño para superar un mercadillo majariego en sábado (Oda al Alprazolam) y comprarme cosas bonitas que no sé si me pondré algún día pero que molan mil más uno, y un pijama que me dan ganas de achuchar, lo cual dada la cantidad de horas que paso en la cama, es fantástico.

A veces, tengo insomnio. Ayer me tragué una peli iraní con dos cojones. Hasta las 3 y media de la mañana. Iraní. En versión original. Dirigida por una chica de diecisiete años. Con un montón de frases repetidas y escenas larguísimas de gente caminando, como buen cine iraní. Y no me dormí.

Hoy voy a ir a la oficina y aunque sea de visita me da un poco de miedito.

Por fin recogí las cosas que tenía pendientes en fnac, y luego me dio por un ataque de diarrea verbal en el Café & Té. Sí, me aburro y no sé por qué. Le doy la vuelta a los muebles. Empiezo el cuadro de punto de cruz para el niño del Hombre Grande. Hago recados: llevo la ropa a la parroquia (donde una señora muy desagradable me ha dicho que voy a ir al infierno por hacer una buena obra cinco minutos antes de la hora tope, o algo así interpreta Blue), compro la comida de los enanos y el papel higiénico. Recibo mi móvil nuevo lleno de colores que no puedo usar hasta el día veinticinco. He entregado el último trabajo de Planificación de Medios.

Hago cosas pero estoy acostumbrada a un nivel frenético que ya no llevo y es raro, y debería estar haciendo ejercicios de introspección pero la afortunada carencia de soledad no los propicia. En fin, todo se andará. Estoy andando, por lo menos.

Esta noche, a las doce, el Chico Cósmico cumple años. Creo que debería sacarle a cenar pero no sé si me aguantará el cuerpo después del insomnio y las dos horas de despertador sonando cada diez minutos.

Putos debería y tengoqué. A la mierda todo.

Voy a intentar sonreír porque no tengo que justificarle a nadie que no sea mi psiquiatra que no estoy en condiciones de trabajar.

He olvidado hacer la despedida de la Chica del Fondo de Armario y creo que ya no me da tiempo.

Pero y qué.

Se la mandaré por correo.

O algo.

Todo tiene solución menos la muerte. Esta mañana, en Arrebato Libros, "¿y no te ha gustado?" "me encanta pero lo tenía ya y me lo trajeron de argentina y no puedo cambiarlo. y mi madre ya no me deja leer escritores suicidas" "pero entonces no podríamos leer a muchos que son muy buenos". Mi historia es más larga que todo eso, así que me quedo con "Siempre es bueno tener a Pizarnik" y me voy a vender la basura literaria a la tienda del otro lado de la plaza.

Hago todo lo que me propongo. No sé qué debería proponerme. Encontrar un fin, creo. Porque necesito una meta y está tremendamente difuso. Será la niebla.

10.12.07 12:08


A pesar de que todos los planes se hayan cambiado mientras yo dormía plácidamente, el día ha sido una sucesión de pequeños triunfos. Lavarme el pelo, depilarme las cejas. Ponerme la chaqueta morada que siempre quise quitarle a mi hermana y que por fin me queda pequeña. Coger el móvil, todas y cada una de las veces que ha sonado. Hacer la comida. Comprarlo todo, el mate, el regalo de mi madre, el mío (le hago los deberes al Chico Cósmico, pero sigue siendo fantástico en cualquier caso). Recoger las gafas, dejar el recado de la Chica Hipereducada, y en Correos la muñeca. Recordar la dirección a la que tenía que enviarlo. No dejarme llevar por la desesperación al recordar, de nuevo, que he perdido mi fantástica libreta de direcciones. No echarme en cara la posibilidad de haberla tirado en un ataque de soyantisocial. No ser antisocial. Tomar Benidorms y no Ibizas en el Vitamina. No tomarme el café que tenía pensado. Cenar sobre la marcha. Felicitar a la Chica India por su nuevo y fantástico trabajo. Encontrarme un inesperado sobresaliente. Volver a casa y tener miedo y sentir que he recuperado el respeto por mi integridad física.

En marcha...

3.12.07 21:46


El Chico Cósmico me ha abierto los puertos del router para el eMule, lo cual es terrible para mi concentración; y es, además, de las pocas barreras al mundo exterior que se levantan en lugar de volver a caerse.

Me cuesta, me cuesta mucho trabajo, ahora que parece todo tan lejano, volver a lo mismo. Empiezo a tener pesadillas, de nuevo, grito por las noches cuando no me ahogo de la tos, empiezo a asimilar todas las cosas que después de diez días de irrealidad vuelven a coger forma. Sueño con organigramas, preparo la despedida de la Chica del Fondo de Armario, pienso en volver y en no volver. Abro el correo de la oficina porque tengo que rescatar mis entradas reservadas y paso por encima con una calma pasmosa, pero luego...

Luego apagan todas las luces y me siento tan insignificante como si pudiera desaparecer en cualquier momento.

Ayer fuimos a ver Esperando a Godot en el teatro de la puerta estrecha. Nos dieron un folleto con una carta de Beckett dejando bien claro que él no se responsabiliza del sentido de sus frases más allá de lo que está directamente escrito. Yo, por primera vez después de varias relecturas, en lugar de deleitarme en los juegos de palabras y el absurdo, pienso de repente que sólo la cercanía de la muerte hace que los demás parezcan distintos que ayer, que el escenario parezca mutar aunque sea en forma de pequeñísimos detalles, y que la desesperación da sentido incluso al hecho de llevar una maleta llena de arena. Me monto un subtexto existencialista en la cabeza y creo que me sienta mal la cena.

Desaparece la gripe, pero queda la ansiedad y queda, sobre todo, la laxitud, que renace desde el fondo recordándome que todo es muy difícil cuando está sin empezar. Por eso llego a casa y me pongo a frotar cada esquina con lejía, a pesar de las horas que son. Hoy me levanto y veo que Kiwi ha vuelto a ensuciar el cuarto de baño y pienso que no puedo ir a ningún sitio porque estoy esperando a Godot, y sin embargo...

2.12.07 14:08


Quiero aprender y quiero cambiar. Y he aprendido, y estoy cambiando. Pero hay veces que la pendiente se va haciendo más pronunciada y te encuentras con uno de esos picos que siempre han estado ahí.

Cómo puedo ser tan valiente para algunas cosas y tan repugnantemente cobarde para otras.

Me gustaría poder volver a estar sola. Que nadie me mire, que nadie me juzgue. Disfrutar de la soledad. Reencontrar mi huequito en el mundo.

Sé que me lo he ganado yo solita y que esto lo tendría que haber pensado antes. Mucho antes. Poco se puede hacer ahora. Empezar mi libreta de Cosas que no me puedo echar en cara.

Y empezar, también, una de cosas que no me voy a echar en cara porque no voy a volver a repetir.

Y tragarme los nervios y los sudores fríos y hacer cosas desagradables pese a los consejos médicos. Porque empiezo a estar hartita de mover los hilos de todo lo que tengo alrededor. Mira por donde, no voy a ser tan egocéntrica como creía.

28.11.07 23:24


A bote pronto...

El bar de los mojitos es además el único del barrio que además del letrero de la puerta, tiene WiFi en serio, y aquí estamos Blue y yo en pleno momento (in)comunicación. Una dosis chiquita de mundo ajeno a las personas que han pasado en las últimas horas por las cuatro paredes de mi casa

Una recomendación: JJ's coffee and books, en la calle Espíritu Santo, casi en San Bernardo. Planta de abajo. Sensación completamente incontemporánea.

Un propósito: que hoy sea sólo el principio. He conseguido levantarme, salir (dos veces), comprar leche, recoger, y hasta medio limpiar. Y mañana, mucho más.

Pero despacio.

Reconozco que estoy deprimida y eso es raro porque me parece que he hecho otras muchas cosas estando así, pero, en fin, igual es que no era bueno hacer tantas cosas estando así. Igual necesito un tiempo indeterminado para reencontrarme. Trabajar en mi autoconcepto. Crear una lista de proyectos que sea, como un buen objetivo, mensurable, alcanzable, y ambicioso. Pero sobre todo las dos primeras.

Porque he conseguido grandes cosas, y a veces se me olvida, y eso me da mucha rabia. 

26.11.07 23:04


Los viernes en casa de mis padres en realidad no son tan distintos. O sí. Qué se yo, a estas alturas. Me pongo a jugar con el Facebook y aparte de perder horas y horas (cosa que en estos momentos me preocupa menos que cero) me pongo a hacer tests de personalidad en los que aseguran que sería un perro, un helado, un refresco, una de esas terribles sandalias de dedo. Me encuentro con preguntas como "Dónde es más fácil encontrarte un viernes por la noche" y no sé qué decir. Ayer el Chico Escritor decía que soy Julen Guerrero. Una estrella con 22, los restos de ella con 23.

Pues sí.

Paso la tarde dormida o acurrucada en la manta viendo el CQC grabado y un capítulo de Hannah Montana que me resulta familiar incluso a mí que no tengo TV por satélite. Al parecer, mientras tanto el móvil sonaba, pero hoy no he estado muy despierta.

Ni muy sociable.

Hago de tripas corazón y me dispongo a ser fiel a mis nuevos principios y darle a mi padre el abrazo que se me antoja, pero estaba doblando la tabla de planchar.

Bueno, luego, me digo.

Luego, en realidad, me pondré otro capítulo de la temporada fantasma de Dawson Crece (esa que estoy segura de haber visto pero luego no me acuerdo de nada pero luego cuando la veo me lo sé todo... Como me pasaba con El sexto sentido, pero con 22 capítulos de cuarenta minutos), y me volveré a dormir. Se está fenomenal durmiendo, estos días. Ahora ya no me dicen que descanse, sino que disfrute.

Así que ayer volví mucho más tarde de lo que habría querido. Pero la ocasión lo merecía. Y yo quiero ser Lara Moreno. No quiero escribir como ella con 29 años. Quiero ser como ella, con su vestido verde, sus piernas que le permiten ponérselo, sus botas, tan discretas y con tanta pinta de cómodas (¿seré la única chica de este país que no puede ponerse botas altas?), su copa de vino blanco y su cigarrillo de liar.

De todas maneras, de momento soy abstemia y el alprazolam me da sueño permanente. Y eso es bueno. Porque, algún día, seré como Mi Compañera Gallega. Y eso es ser mucho.

Mañana viene Blue y me hace mucha, mucha, mucha ilusión.

Eso también es bueno, y es mucho.

23.11.07 21:25


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